domingo, 19 de julio de 2009

apreciados compañeros, presten atención a estas palabras

Caracas 15 de julio de 2009
Apreciados compañeros:
Como ustedes comprenderán, en estos momentos en que el panorama económico del país se hace cada vez más crítico, quedar desempleado es como exponerse al descampado, porque la vida de nuestras familias depende de nuestro ingreso salarial.
Me he querido dirigir a ustedes porque hoy he sido despedida de mi cargo como Directora de Procesos Museológicos del Museo Cruz-Diez, cargo que desempeñé desde el 8 de diciembre del 2008, hasta esta triste fecha en la que fui informada a través de una carta que resume en dos líneas mi condición de despido. Les puedo decir que nunca recibí una amonestación que indicara alguna falta o desacuerdo por las labores que realicé, lo recuerdo porque este despido no tiene justificaciones laborales propiamente dichas.
Como muchos de ustedes, yo he representado uno de esos especimenes en vías de desaparición que constituimos la “gente de museos”. Podría relatar brevemente una historia de esfuerzos vivida junto a mis compañeros del Museo Jacobo Borges donde realizamos inolvidables proyectos como: “Caballo de Troya”(sobre los presos del Retén de Catia), “Niños de la calle”, “El Platillo de la balanza”(textos sobre la muerte en los barrios de Caracas y el abuso policial), “Inocentes” (sobre los niños desaparecidos en Colombia), “Vecindarios” ( imágenes y relatos sobre la vida corriente en distintas zonas de Catia) y “Eva en ausencia. El lenguaje del duelo”, proyecto con el que gané el premio FAMA de la Fundación Polar, por su contenido humano y artístico al tratar el tema del duelo por la pérdida de los hijos de familias muy pobres de esta ciudad .Fueron realmente tiempos gloriosos para todos.
Lamentablemente esta trayectoria relatada de manera tan resumida, hoy, para la Directiva de la Fundación Museos Nacionales, carece de todo valor y pareciera no ser razón de orgullo, sino todo lo contrario, pues se trata de una historia que hay que tratar de borrar.
A pesar de la gran debacle creada por esta Fundación, que al parecer no tiene otro propósito que el de la destrucción de los Museos, cuando ingresé al Cruz-Diez, lo hice con el sueño de realizar algunos proyectos cónsonos con lo que ha sido una elección personal de trabajo con temas sensibles, en un país que requiere ser pensado con urgencia. Pero, lo cierto es que vivimos tiempos de una gran degradación moral que ha vaciado nuestros Museos de sentido de trascendencia y humanidad.
Nos han convertido en instituciones que repiten temerosas los dictados de funcionarios que no conocemos y que no vemos a diario. No se puede redactar nada que no sea aprobado, y todo desde una gran desconfianza, me refiero a tareas sencillas que antes realizábamos y que no suponían ningún peligro para nadie, hoy en día, hasta una tarjeta de invitación es sometida a la lupa de la sospecha.
Recientemente circuló vía Internet un documento deplorable que trataba de humillar a altos directivos de la Fundación de Museos, este infame documento que aparecía cobardemente sin firma, era, recuerdo, uno de los textos más degradados moralmente que he leído en mi vida. Yo creo que estos acontecimientos, me refiero a la desconfianza y a la ofensa sin límite de bizarría, sin pudor, se suman a otras tantas imágenes como las de una alta burocracia acomodada en la Fundación de Museos que se dedica a viajar y a gastar los dineros que podríamos invertir en programas más genuinos, más sinceros que los impuestos desde la estrategia de una invisible Plataforma Cultural.
Quisiera pedirles a ustedes disculpas si me atrevo a relatar episodios personales. Hace pocos días fui insultada por el Directivo del Sindicato, el señor arquitecto Félix Gómez, fui ofendida en mi condición de trabajadora y de mujer, y todo esto delante de la señora Silvia Fuentes, Directora del Museo Cruz-Diez, para ese momento. Me sorprendió tanto el insulto del Directivo de un sindicato que debería utilizar su Fuero Sindical para proteger a los trabajadores, no para acorralarlos y ofenderlos, pero también me sorprendió, y esto debo decirlo con absoluta responsabilidad, la impasibilidad de esta Directora.
Debo dejar constancia de mi aprecio por muchas de las personas y acciones que el Sindicato Bolivariano ha emprendido en estos últimos años de la historia de los Museos, pero también debo decir que lamento que muchas veces la conducta sindical y el comportamiento patronal se confundan en un intercambio de privilegios donde un personaje como el señor Gómez, que de todos es conocido su nivel de conflictividad para con sus compañeros de trabajo, no encuentre un mejor uso de su Fuero Sindical que el de ofender a los trabajadores, especialmente cuando se trata de mujeres.
Mi salida del Museo obedece a los dictados de un guión donde el acuerdo entre el señor Félix y la recién nombrada Directora Isabel Huizi entraron en absoluta complicidad; el señor Gómez se va de vacaciones para evitar relacionarlo con este hecho y la directiva actúa despidiéndome, a pesar de mi solicitud ante la Fundación de que me permitieran continuar con mi labor ubicándome en un cargo de menor rango en otra institución. Francamente, queridos compañeros, no puedo sino pensar que se trata de un montaje, de una mueca descompuesta como toda la inmoralidad y la destrucción que hoy en día ha anidado en los Museos.
En tan poco tiempo de actividad era imposible que la actual directora pudiera evaluar mi trabajo de manera tan negativa, sólo a través de su grosero acoso emprendido casi desde su primer día en éste cargo, al descalificar mis capacidades profesionales y someterme a tareas que buscaban señalar alguna fisura en el desempeño de mis funciones.
Con estas palabras quisiera alertarlos frente al tipo de abusos que se pudieran cometer en éste y otros Museos, porque hoy me ha tocado a mi, pero creo que cosas como esta le pudieran ocurrir a otras personas que no poseen más que su trabajo diario para sostener a sus familias.
Por último, deseo expresar el profundo aprecio que siento por la gente que día a día hace vida en el Cruz-Diez y en otros Museos, me conmueve el amor que le tienen a su trabajo, la dedicación que le ponen a cada tarea, el esfuerzo que realizan con los menguados recursos que les otorgan para desarrollar una actividad cultural, que, para la Fundación no tiene otra significación más allá de una cifra estadística vaciada en interminables cuadrículas solicitadas de manera absurda, y esto lo digo para señalar el poco valor que en el fondo pareciera tener éste difícil oficio de despertar sensibilidades frente al quehacer artístico en los actuales momentos.
A todos mis compañeros del Cruz-Diez, a mis entrañables amigos del Jacobo Borges, a los que trabajan en otras instituciones, a la “gente de museos”, les pido que presten atención a estas palabras y las hagan circular.

Afectuosamente
Xiomara Jiménez R.
C. I. 10.782.647

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